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¿Qué hacer en la Cañada?

Jueves, Septiembre 30th, 2010

“La desaparición de los lugares y su paulatina sustitución por lugares-basura (y esto mismo vale para los empleos-basura o las casas-basura) deja a muchas personas en el mundo sin lugar, crea una muchedumbre de desplazados que, una vez mas, no solamente lo son en el sentido físico del termino (aunque esta situación sea sin duda la mas grave), sino también en el sentido social, laboral, cultural, económico o familiar.”

José Luis Pardo, Nunca fue tan hermosa la basura, 2010.

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Las cañadas son vías de movimiento de ganado (vías pecuarias) entre áreas de pasto de invierno (invernada) septentrionales o de valle y de verano meridionales o de montaña. Las vías pecuarias, son quizás uno de los elementos mas antiguos de riqueza (pecuario) y de ordenación del territorio que conocemos. En los mas remotos orígenes de la humanidad, bandas de recolectores y cazadores, persiguieron con precisión, los organizados movimientos de las grandes manadas de herbívoros que a la busca de agua y pastos surcaban el territorio, en una clara trama de caminos, seleccionando definidos lugares estratégicos, como desfiladeros, pasos, abrevaderos, para poder cazarlos fácilmente. Hicieron de estos lugares los refugios mas idóneos donde cobijarse, creando así la primera red de asentamientos humanos. Identificados totemicamente con animales, al ser observados, una y otra vez, hasta lo mas profundo de sus detalles y movimientos, generarían los inicios del arte (Altamira), la religión y la escritura, como primeras manifestaciones de la cultura. De ahí, al pastoreo y la ganadería, como fuente de sustento y riqueza, y la creación de grandes manadas de miles de cabezas de ganado bajo el control de reyes y monarcas. Las primeras y míticas monarquías peninsulares surgen de esta concentración de riqueza como en el caso de Tartessos. El posterior mosaico de la partición del territorio, en diferentes tribus y pueblos seguramente adscritos a un régimen pastoril con distintos animales totémicos, es el complemento de la red de movimientos, en esa naturaleza hostil, que muy poco a poco, va convirtiéndose en territorio ordenado culturalmente por el hombre, con la domesticación de animales en la ganadería y el sedentarismo de la agricultura. Frente a las grandes marismas del sur, las zonas septentrionales de la península, fueron las mas propicias para el desarrollo de una ganadería de pequeña escala o comunal: Pirineos, Euzkadi, Cantabria, Asturias y Galicia. El germen original de muchas de las practicas ganaderas peninsulares parte de estas regiones, primero, en un régimen de trashumancia local montaña-valle y mas tarde extendiéndose en trashumancia larga a las regiones meridionales León, Meseta, Extremadura y Andalucía, aprovechando las circunstancias históricas del despoblamiento de la Reconquista que se consolidaría en el medioevo con La Mesta y Cañadas Reales. Apoyadas por los Reyes Católicos, son la primera gran manifestación económica (pecuaria) espacial, de un orden peninsular de reinos unificados políticamente como nación y ejes de poder (asociaciones de ganaderos contra agricultores, campesinos o pueblos, en asociación con nobleza y monarquía contra los escasos privilegios de municipios y villas) que han ejercido su control, tutela y cuidado cuando la ganadería trashumante tenia un importante valor económico. El ganado era propiedad privada mientras que los pastos eran propiedad comunal municipal. Hay nueve importantes cañadas reales que cruzan diagonalmente la Península Ibérica, y que son patrimonio publico desde 1273 (Alfonso X el Sabio). Resulta un verdadero milagro, que todo este imponente legado, haya llegado, aun esquilmado, a nuestros días. Perdida su importancia como elemento ganadero se han abandonado tolerando usos alternativos que han despilfarrado este valioso patrimonio publico para ser privatizado y construido. A pesar de la presente perdida de vigencia de la trashumancia ganadera en nuestro país las vías pecuarias siguen hoy protegidas por la Ley de Vías Pecuarias 1995, transferida su tutela a las comunidades autónomas, futuro patrimonio cultural de la UNESCO, y constituyen suelos públicos con un enorme potencial ecológico recreativo y social. Por eso, esas potentes diagonales que todavía cruzan de noreste a suroeste el territorio peninsular, con una longitud de mas de 100.000 Km. y casi el medio millón de hectáreas de superficie, entre las tierras altas y las bajas, y entre las estaciones de verano e invierno, creando una primera y compleja malla de movimientos de hombres y animales, significan un legado territorial único que no puede hoy perderse.

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La Cañada Real Segoviana y la Real Galiana son las dos grandes cañadas que cruzan la Comunidad de Madrid tangentes meridional y septentrionalmente a su amplia área metropolitana. Una vez al año millares de ovejas, ocupan el moderno y flamante eje norte sur de la capital de España; La Castellana, una antigua cañada. Nos recuerdan con sus balidos, olores y boñigas, que todavía nuestras modernas autopistas, aves, redes telefónicas y digitales, son herederas de estos primeros corredores, imbricados profundamente en la naturaleza, sin quebrarla, ni abandonarla, como una profunda lección lanzada hacia el futuro. Madrid Región ha perdido el 38% de su red de vías pecuarias (1600km) por la desidia, descontrol, irresponsabilidad publica, falta de planificación territorial con desprecio de la cultura rural de las administraciones publicas nacionales y regionales. Las cañadas constituyen un recurso fundamental del territorio madrileño. La Cañada Galiana al SE de la metrópoli, cruza un territorio mesetario árido de secanos, entre la Sierra de la Demanda en la Rioja y Sierra Morena en Andalucía. Por ello es importante vincularla ecológicamente a parques regionales como el parque sureste de Madrid que constituye hoy su borde septentrional o a la ZEPA en su tramo oriental integrándola en el sistema de protección natural del territorio. La Cañada Galiana en su tramo tangente metropolitano (entre Coslada-San Fernando y Pinto) reúne una compleja problemática social por estar mayoritariamente ocupada por unas 40.000 personas (para viviendas y actividades ilegales y marginales, pudientes unas, pobres y emigrantes otras) en un tramo de aproximadamente 14 Km. (que por 75 m de anchura da una superficie de unas 106 ha de suelo publico, un poco menos que el Retiro). Esta situación mas o menos tolerada es resultado de la connotación y desidia histórica de este sector de la periferia, lugar de población modesta, infraestructuras y servicios no deseados pero necesarios como los vertederos, incineradoras basureros, canteras, minas a cielo abierto, yeseras, ladrilleras, depuradoras, polígonos industriales y almacenes etc. La localización del gran vertedero de Valdemingomez (compostaje, incineradoras, etc.) tangente a la cañada, que es utilizada en muchos casos como acceso de los camiones de basura, produce un tremendo impacto ambiental en un radio que puede extenderse a los seis km. generando olores, polución, gérmenes y concentración de pájaros, roedores e insectos perjudiciales. Junto a ello y por su permisividad es también el lugar mayoritario de asentamiento de las actividades ilegales y marginales (droga, vertederos, chatarras y basureros). Este complejo problema social lleva acumulándose sin solución desde hace varios años en Madrid. Diferentes grupos sociales, organizaciones no gubernamentales y asociaciones de vecinos llevan reclamando diferentes soluciones para el problema: viviendas, equipamientos, ayudas de emergencia, privatización, sanidad, higiene, seguridad, etc. La Comunidad Regional de Madrid responsable del control de la cañada decidió finalmente crear una nueva legislación autonómica de dudosa legitimidad legal para desafectar el uso publico del suelo de la cañada y así poder privatizar sus suelos permitiendo teóricamente resolver así sin coste económico el problema social. El golpe de ley de la comunidad, no parece que sea una solución para resolver este grave problema histórico. Transfiere el problema a los municipios, concede el derecho de posesión por prescripción adquisitiva y la amnistía a la ocupación ilegal, y dilapida una importante porción del patrimonio publico rompiendo la continuidad de la cañada, sin gastar un duro en el realojo de la población sin recursos.

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Las cañadas a lo largo de su dilatada historia han sufrido transformaciones y cambios de uso no todos negativos. Cuando los romanos construyeron la primera red de calzadas peninsulares utilizaron muchas de las anteriores trazas pecuarias celtibericas. Es el caso de la Vía de la Plata, también luego como tantas otras cañadas Camino de Santiago. Todavía es posible asistir al paso de ganado por el tramo de calzada romana que atraviesa el Guadarrama. En el renacimiento y barroco muchas de las cañadas o cordeles que conectaban la ciudad con el campo circundante se convirtieron en paseos arbolados, alamedas y ramblas (como el Paseo del Prado) adquiriendo un contenido verde y recreativo de gran importancia y valor en la historia urbana. Los paseos ilustrados que tanto hicieron por unir campo y ciudad como base del ocio democrático, los bulevares del “ruralizar la ciudad y urbanizad el campo” de Ildefonso Cerda, nuestro primer gran urbanista y de la Ciudad Lineal de Arturo Soria, tampoco están muy alejadas, de esta concepción de la ordenación del territorio. Mas tarde el ferrocarril también utilizaría su adecuada traza sin grandes pendientes. Finalmente la red de caminos y carreteras también utilizaron oportunamente sus trazas y su patrimonio publico evitando las costosas y complejas expropiaciones. Es con la modernidad cuando aparecen una serie de alternativas recreativas al simplemente funcional trafico motorizado, como las vías parque (“parkways”). La capacidad de las cañadas para este uso alternativo no desarrollado en nuestro país (frente a su extensivo y dilatado uso en Estados Unidos) no ha sido todavía valorada. Por otro lado recientemente han aparecido propuestas de recuperación de trazas longitudinales (ejes ferroviarios abandonados, canales sin uso, valles desecados, etc.) vinculado zonas de importancia ambiental por su reconocido valor ecológico (“greenways”). La red de cañadas españolas tiene un potencial enorme, en este sentido, relacionando dentro de la meseta las zonas de montaña perimetrales con el interior y las dos grandes depresiones. La moderna disciplina de la ordenación del territorio y planeamiento regional, aun sin demasiada experiencia en este país, baso su fundamentacion conceptual, a principios del siglo veinte, en la recuperación de la raíz natural y ecológica del orden territorial. Olmstead en su valoración del paisaje virgen norteamericano, planteo la expansión, desde las metrópolis industriales del noroeste por medio de vías parque, origen de las modernas autopistas y desde la protección de reservas naturales protegidas como Parques Nacionales. Esta compleja malla, de ecología y cultura, de ciudad y campo, reunidos en ese nuevo paisaje intermedio y suburbano, seria la base de una moderna concepción de la ordenación del territorio, como arquitectura del paisaje contemporánea, que vuelve a mirar a sus orígenes, desde los ahora civilizados animales humanos, insertos en la ligera y frágil capa de la biosfera para sobrevivir, renaturalizandonos. Por todo ello el proyecto concreto para este tramo metropolitano de la cañada debe adquirir un contenido contemporáneo ejemplar y potente que de pautas para el uso publico, colectivo, ecológico, recreativo, comunicación y movilidad alternativa de la red de cañadas nacional.

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Dos situaciones ligadas o imbricadas se reúnen espacialmente ahora en este tramo de la Cañada Real Galiana: un importante patrimonio publico rural nacional y una compleja problemática social que da como un resultado espacial un longitudinal fleco o ciudad marginal lineal. Para resolverlo hay que actuar en los dos frentes. A nivel teórico se plantean cuatro estrategias en función de que domine una de las situaciones o frentes, patrimonio de suelo publico y problemática de ocupación y privatización marginal.

1. Recuperación del uso publico de la cañada y realojo de la población ocupante fuera de la cañada en viviendas publicas en función de sus necesidades reales. Esta solución es la mas costosa socialmente y económicamente para la administración. Desde la responsabilidad publica es la mas coherente, siendo el suelo publico dependiente de la administración nacional (Ministerio Agricultura y Medio Ambiente Legislación nacional vías pecuarias), regional (Consejeria de Medioambiente) y local (Ayuntamientos con Ministerio de la Vivienda). El dominio publico de la cañada y uso recreativo, ecológico, ganadero permitiría su clara integración en el parque regional natural del Sureste- Jarama. 2. Recuperación del uso publico de la cañada con expulsión de sus ocupantes. Esta es la solución típica de aplicación de orden publico, que llega tarde, tras la tolerancia y desidia de la administración. El coste social puede ser grande, pero al menos fija un precedente de autoridad y de control sobre el patrimonio futuro de las cañadas aunque deja sin resolver el problema social que se trasladaría a otro lugar. 3. Privatización del suelo publico de la cañada para su calificación urbana y uso residencial con eventual provisión de vivienda publica en la cañada. La cesión de la posesión del suelo para los ocupantes permitiría dejar todo como esta, los nuevos propietarios con recursos legalizarían su situación, a la espera de recibir los servicios resultado de la recualificacion de los suelos rústicos a urbanos con acceso a las infraestructuras básicas, que eventualmente pagarían mediante contribuciones. Los pobres, se mantendrían en su situación precaria, o venderían su propiedad para poderse pagar una vivienda mas digna o dejarían que fuera expropiada por un organismo publico a cambio de realojo en el mismo lugar. Toda esta situación tendría un enorme efecto llamada en el resto de las cañadas de Madrid y resto del Estado. 4. Privatización del suelo publico de la cañada para su calificación urbana y uso residencial con expulsión de sus ocupantes. El suelo de la cañada privatizado se vendería a una o varias inmobiliarias para su construcción. La administración obtendría un beneficio que podría eventualmente proporcionar vivienda a los mas necesitados y llegar a acuerdos con los propietarios pudientes en junta de compensación para pagar con las empresas compradoras del suelo la reurbanización del área. El resultado podría ser el adecentamiento y homogeneidad del sector siguiendo la pauta de los nuevos Paus con coste cero para las administraciones actuantes (ayuntamientos). Este parece ser el objetivo ultimo de la nueva Ley Regional. La defensa de este importante y estrategico pedazo de patrimonio publico parece suficiente para decantarse por la primera estrategia, justificando la solución social del problema de vivienda de los ocupantes ilegales de la cañada en función de sus necesidades. Esta solución debería hacerse con vivienda publica (de alquiler) fuera de la cañada en la ciudad y área metropolitana. Esta resolución del problema parece la mas justa porque ofrecería vivienda a quien la necesita dentro de la ciudad facilitando su integración social. El conjunto de suelos de cesión de los urbanizados paus del área permitiría la construcción de varias viviendas publicas para alojar a esta población necesitada cercanas a la cañada permitiendo si así se considerara necesario y conveniente el mantenimiento de las comunidades y economías mas o menos marginales. Esta solución aportaría el problema añadido de desalojar a aquellos ocupantes que no tienen necesidad de vivienda publica. Un porcentaje importante en la cañada, con dificultad de ser evaluados según su grado de necesidad, pero en cualquier caso implicaría el cumplimiento de la legalidad vigente. Evidentemente la gestión e implementación de todo este complejo proceso debería incorporar en el (largo) tiempo situaciones parciales, resolución progresiva contando siempre con el apoyo y experiencia de los propios vecinos. La solución que separa el problema social del espacial obligaría a desarrollar un proyecto para recuperar la cañada (sin necesidad de volver a un uso de una actividad obsoleta) en un espacio publico singular de valor para la comunidad justificando así también la resolución del problema. Si la cañada no se usa como espacio publico estaría justificado su uso eventual y parcial como alojamiento de emergencia nunca el de ocupación y privatización del recurso.

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Existe otra forma de confrontar el problema de este tramo de la Cañada Galiana desde su realidad actual y condición espacial integrada resultado de un proceso de ocupación, que ha dado lugar a una autentica ciudad lineal consolidada en tramos y marginal en otros pero en cualquier caso de interés como fenómeno urbano. Su escala de mas de cuarenta mil personas y su tamaño de mas de 100 ha exige partir de una realidad tangible. Estas soluciones mas mixtas e integradas plantean siempre el valor de los procesos con la participación activa y creativa de los usuarios. Dos alternativas podrían plantarse de partida: 1. Mantener la ocupación privada del suelo en el tramo metropolitano existente con dominio publico del suelo, regulando tamaño mínimo y máximo de parcelas, vía o vías de acceso publicas y servicios, edificabilidades y ocupaciones máximas y usos (residencial (1ª y no 2ª residencia), industrial (almacenaje),etc. fomentando como compensación a la cesión de ocupación los usos intrínsecos de la cañada: promoción y subvención de usos ganaderos, agrícolas, ocio y recreo, mediante la promoción de plantación de arbolado (tanto en vía publica como en parcelas), establecimiento de granjas, horticultura y equipamientos públicos ligados (granjas esuela, centros demostración etc.). Junto a ellos favorecer los usos vinculados al reciclaje de residuos (chatarra, clasificación y selección vertidos, venta antigüedades y materiales, compostaje, lodos etc.) del área (Valdemingomez, depuradoras) con creación de empleos ligados a estas instalaciones y contención de sus impactos. Esta solución obliga a mantener unas condiciones muy estrictas y restrictivas de ordenación urbanística (viales) y edificación (ocupaciones muy bajas) que haga posible esta futura convivencia entre cañada y uso residencial así como mantener esta situación solo en el tramo madrileño dando la posibilidad de revertir en un futuro a la situación original sin edificación. 2. Privatizar legalizando la ocupación ilegal de los 14km de la cañada real consolidando y creando un barrio lineal residencial con condiciones mas intensas de edificabilidad que recoja sus valores actuales trazando un eje alternativo de nueva cañada conectado con la antigua en compensación publica.

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De todo lo anterior se desprende que estamos enfrentados a un problema de una enorme complejidad cuya solución no es fácil ni puede delimitarse a un campo estricto de trabajo. La gran variedad de situaciones y comunidades impide de momento un trabajo en común y unido. La dejadez y tolerancia de las administraciones encargadas tanto de la tutela del bien publico como de la resolución de los graves problemas sociales y ambientales que se van acumulando se va dilatando peligrosamente en el tiempo. Es necesario intervenir en muchos frentes, territorial, urbanístico, social, político, administrativo, ambiental y también a muchas escalas de proyecto distintas. Desde la escala territorial peninsular, a la autonómica, municipal, sectorial de las distintas zonas y comunidades que configuran hoy esta parte de la cañada, para terminar con proyectos puntuales o probetas que vayan introduciendo en las comunidades efectos dinamizadores y movilizadores que les permitan salir de la degradación y la supervivencia para reclamar su derechos a la ciudadanía. La resolución de censos, escolarización, seguridad, higiene, servicios básicos, campos de juego, ya iniciados permiten ir unificando una red de iniciativas que conforme una visión activa y positiva de la cañada hacia su solución final de integración en la ciudad metropolitana. Un autentico proyecto cañada en la que muchos colectivos estamos trabajando.

Daniel Zarza. 2010.

Lo caduco de los “nuevos modelos urbanos”

Lunes, Septiembre 6th, 2010

Desde hace un tiempo un grupo de arquitectos venimos desarrollando distintas actividades y reflexiones en torno a la Cañada Real Galiana, aglutinados bajo el nobre de “Rurbanistas Zoohaus”. Dentro del estudio de las distintas y variadas problemáticas que envuelven a la Cañada, debido a su ocupación espontánea, conviene al menos por un momento ampliar el punto de mira y hacer un anáisis de la situación a nivel territorial tanto de su entorno próximo, como de la evolución de la Comunidad de Madrid en general.

La Comunidad de Madrid ha experimentado un gran aumento demográfico en las últimas décadas, y ello ha ido parejo a un crecimiento a nivel perimetral. La mayoría de los pueblos y ciudades del entorno de la capital se han consolidado y se han convertido en entidades autónomas tanto a nivel político como sociológico y urbanístico. En muchas ocasiones el crecimiento no se ha pautado como debiera y se han producido graves irregularidades aprovechando los vacíos legales existentes.

A continuación se muestra una comparativa del entorno del SE en 1957 y en 2007 donde se aprecia no sólo la evolución a nivel urbanístico de los distintos municipios sino también la ocupación de los 75 m de ancho de Cañada Real Galiana a lo largo de los 17 km que unen Valdemingómez con Coslada. Como puede observarse, no es atributo exclusivo de la Cañada la ocupación extensiva e incluso irregular del territorio. Los campos de cultivo se han convertido en un entresijo de infraestructuras, desarrollos urbanos consolidados, zonas de explotación industrial y nuevos planeamientos iniciados recientemente, invadiendo en muchas ocasiones el Parque Regional del SE.

El PGOU de Madrid de 1997 pretende ordenar el crecimiento de las áreas disponibles entre las distintas poblaciones de una manera expansiva y para ello plantea una serie de desarrollos perimetrales que abracen el crecimiento consolidado. La mayoría de estos desarrollos se localizan en el SE de Madrid y lindan al este con la Cañada Real Galiana.

Dicho Plan no ha sido revisado desde entonces, ni tiene visos de serlo, pese a que la evolución del mercado y las necesidades de crecimiento de la Comunidad muestran claramente que su vigencia está más que en entredicho, si es que en algún momento la propuesta de crecimiento de dicho plan o el modelo planteado tenía algún tipo de valor, más que el meramente especulativo.

El siguiente esquema muestra los principales desarrollos urbanísticos que proponía el PGOM de 1997, todos ellos de marcado carácter residencial a excepción de La Atayuela:

A fecha de hoy el mapa de crecimiento real sería el siguiente:

En azul se han marcado aquellos desarrollos que están más o menos consolidados, es decir, aquellos en los que el número de viviendas previstas representa al menos entre el 80 y 90% de las construidas realmente. En verde se han marcado aquellos desarrollos en los que se ha construido al menos un 50% de las viviendas previstas (excepto en Ensanche de Barajas, donde no llega al 30%). El resto de desarrollos no han comenzado su proceso de construcción residencial, aunque en algunos de ellos se haya terminado completamente la fase de urbanización, como sucede en Arroyo del Fresno, El Cañaveral o Valdebebas, generando así unas ciudades fantasma de futuro incierto, grandes desiertos de hormigón y metal inhabitables cuya impronta a nivel territorial es irreversible.

Llama poderosamente la atención que todos los planes consolidados presentan una serie de características comunes que les han hecho más viables que otros, dentro de un planteamiento que, en general, presenta graves carencias, ya que se centra en un modelo de crecimiento “ex nuovo” en el que se prescinde de la relación con la ciudad consolidada, los modelos sociales, las previsiones reales de crecimiento o la capacidad real de las infraestructuras. Dichas características que favorecen la consolidación de los desarrollos son:

-         Todos ellos presentan una gran proximidad con la ciudad consolidada., con lo que los requerimientos a nivel infraestructural y dotacional son menores.

-         Tienen un tamaño más razonable en comparación con las grandes actuaciones no desarrolladas hasta el momento, tanto a nivel de superficie como a nivel de población.

-         Tanto el viario como los servicios se plantean en continuidad con la ciudad existente, con lo que en la mayoría de los casos, el problema del tráfico se solventa con un aumento de capacidad o una prolongación de las infraestructuras existentes.

-         El número de habitantes potenciales está más ajustado a la demanda existente en el área de actuación concreta.

-         La construcción residencial va pareja a la dotacional y de servicios;es decir, existe una mayor proporcionalidad en la distribución de usos.

No podemos apuntar lo mismo en el caso de los desarrollos del SE, donde lo primero que se observa es una desproporción absoluta entre la ciudad consolidada y dichos desarrollos tanto en superficie como a nivel poblacional.

Este hecho queda mucho más patente si hacemos un pequeño ejercicio de imaginación. Si recortamos los desarrollos del SE y los superponemos sobre el perímetro de la M30 sucede lo siguiente:

Como puede observarse, la reserva de espacio destinada a estos nuevos desarrollos es superior en tamaño a dicho perímetro. Esto quiere decir que se pretende emular un desarrollo urbanístico que ha tardado más de cinco siglos en consolidarse y ejecutarlo en un terreno completamente a-referencial en un plazo máximo de 8 años en el mejor de los casos.

A nivel de población también parece existir una descompensación clara. El perímetro que rodea la M30 se compone de 7 distritos (Tetuán, Chamberí, Centro, Arganzuela, Retiro, Salamanca y Chamartín). Cada uno de ellos con una población aproximada de 150.000 habitantes, con lo que la población total aproximada dentro de dicho perímetro es de 1.050.000 habitantes. Sin embargo, el monto total de habitantes potenciales en los nuevos desarrollos del SE es de 500.000 habitantes, distribuidos en unas 140.000 nuevas viviendas y en una superficie mayor que dicho perímetro. A parte de la desproporción manifiesta, se plantea cuáles son las necesidades reales de crecimiento de la ciudad y si dicho crecimiento se tiene que producir de manera expansiva ocupado nuevos territorios anteriormente destinados a la explotación agrícola.

Este debate cobra aún más importancia si se añade a la ecuación el gran número de viviendas vacías existentes en la ciudad consolidada. Por otra parte, se cifra en más 50.000 las viviendas de los nuevos desarrollos que han quedado en manos de los promotores. Teniendo en cuenta que en la mayoría de los PAUS no se ha llegado a construir ni el 30 % de las viviendas previstas, la necesidad real de nuevas viviendas en la ciudad de Madrid queda claramente en entredicho..

Ante este panorama se abren una serie de incógnitas que son difíciles de solventar, como por ejemplo:

-         Dado el fracaso manifiesto de las políticas de sometimiento del planeamiento urbanístico exclusivamente a los requerimientos del mercado, ¿debería replantearse la forma en que se configuran los planes de crecimiento de las ciudades?

-         ¿Es de recibo el deterioro medioambiental irreversible que sufren determinados territorios en los que se explana el futuro desarrollo de calles a la espera de una potencial construcción de viviendas que no llegará a producirse en años, condenando dichos territorios a quedar en estado latente hasta que los nuevos inversores “redecoren” el paisaje? En este punto es necesario recordar que todos los desarrollos propuestos lindan con el Parque Regional del SE, que se extiende de norte a sur a lo largo del Jarama y configura un espacio de gran riqueza natural donde predominan las llanuras de ribera, cerros y fértiles llanuras cerealistas con numerosos humedales y lagunas. En la zona también hay yacimientos arqueológicos y paleontológicos.

-         En relación a la Cañada Real Galiana, ¿no resulta cuando menos moralmente cuestionable la paradoja que se produce en la conjunción de estas nuevas ciudades deshabitadas con una población de más de 40.000 personas que viven en un estado de abandono total por parte de las administraciones a lo largo de los 17 km de Cañada colindante con estos desarrollos?

El siguiente cuadro muestra una comparativa de la gestión urbanística de los PAUS y su evolución:

En este punto habría que plantearse, como hemos mencionado con anterioridad, si los requerimientos actuales del mercado van en la línea del urbanismo expansivo y especulativo, es decir, si existe una demanda potencial de dichas características. Los datos parecen hablar por sí mismos: en la actualidad, de los seis grandes desarrollos residenciales propuestos en el SE de Madrid, solo se ha ejecutado totalmente a nivel urbanístico el PAU de Vallecas en el que, de las 28.000 viviendas previstas, se han construido algo más de 16.000 y se calcula que quedan por vender más de 17.000 viviendas.

A excepción de “El Cañaveral”, que tiene ejecutado cerca del 85 % de la urbanización, y “Los Berrocales” que no llega al 20%, el resto de actuaciones están sin iniciar, pese a que en las actas de replanteo se barajaban entre 24 y 36 meses de ejecución desde la firma de dicho documento.

Valdecarros, con casi 50.000 viviendas previstas, es uno de los casos más espectaculares ya que abarca un territorio muy extenso, cuyo futuro es cuanto menos incierto.

También es importante destacar el desamparo jurídico y social en el que han quedado muchas familias que han invertido sus ahorros en cooperativas que pretendían promover viviendas en dichos desarrollos y que en la actualidad se encuentran en un impás de espera sin visos de solución a corto plazo.

En la siguiente imagen se pueden apreciar en conjunto todas las actuaciones, quedando patente que la única solución de continuidad propuesta es la decisión de crear una franja que aglutine las zonas verdes justo en el límite con la Cañada. Esto significa que se sigue sin tomar decisiones de calado con respecto a la misma y que se plantea ignorar su existencia, abocando a sus habitantes a un aislamiento todavía mayor del existente en la actualidad.

Nuestro planteamiento y nuestras reflexiones van siempre en un sentido posibilista, intentando ver en las problemáticas existentes o latentes una verdadera oportunidad de cambio. Los momentos de crisis son los más propicios para remover los cimientos y replantearnos todo lo que hemos estado dando por sentado todo este tiempo. Es necesario actuar de manera urgente para evitar el deterioro medioambiental de los terrenos, la definitiva exclusión social de los vecinos de la Cañada y la creación de un problema que todavía no se ha materializado pero que puede tener una repercusión irreversible si se llegan a desarrollar las actuaciones previstas. Otro tipo de urbanismo es posible: un urbanismo que plantee un crecimiento progresivo en base a las necesidades que se vayan creando y no sobredimensionado, en diálogo constante con el entorno natural existente y con la ciudad consolidada y actuando de manera coordinada y coherente entre las distintas administraciones, trabajando desde la perspectiva global y no parcial de la problemática.

Imagen de los distintos sectores de la Cañada Real Galiana, infraestructuras que la cruzan y Paus que la rodean.